Implementación de valores

“Cultura es la forma en que hacemos las cosas aquí”. Esta sencilla definición resume un factor clave de competitividad de una empresa o equipo deportivo. Cada organización tiene la propia y constituye la “diferencia que hace la diferencia”. Las raíces de esa cultura son los valores. ¿Cómo podrían ser inculcados para  que sean eficaces?

Los valores son los principios que orientan las actitudes y éstas se convierten en conductas visibles y verificables. Entre más sólido el compromiso de los miembros del equipo con esos principios, más convergerán sus intenciones y comportamientos.

Decidir y divulgar los valores es un buen primer paso, pero no suficiente. Es preciso inducir su práctica hasta convertirlos en hábitos. Para eso existen cuatro mecanismos. Primero, políticas o reglas del juego. Así, la lealtad puede ser impulsada con una norma que indique que nunca se habla del ausente y que lo que se comenta en el “camerino” o reunión del equipo jamás trascenderá a otras personas.

Segundo, los procedimientos alineados con cada valor elevan el sentido de consistencia. Si el principio del trabajo en equipo es incentivado con la discusión exhaustiva de decisiones que impactan estrategias y recursos significativos, nadie esperará sorpresas en el rumbo del equipo en esos campos. Cuando los procedimientos contradicen los valores, la desmotivación será notable; pregonar la confianza pero recurrir a controles excesivos sobre el personal de una empresa, resulta en una contradicción desconcertante.

Tercero, cuando la infraestructura es diseñada acorde a los valores, entonces éstos cobran vida con más fuerza. Si una entidad financiera declara la transparencia como principio, posiblemente le convendría que las paredes de sus instalaciones sean de vidrio claro. Uniformes, estacionamiento, tamaño y ubicación de oficinas, etc., son medios para inculcar valores. Es cuestionable que se pregone la austeridad y que los lujos en un sector de la empresa contradigan las incomodidades en otro.

Finalmente, definir conductas verificables para cada valor, establecerá en forma directa cuál debe ser el comportamiento de quienes conviven regidos por principios colectivos. “Aquí nadie usa el celular en reuniones”, podría ser una evidencia de respeto como valor.

Con estos cuatro componentes: políticas, procedimientos, infraestructura y conductas, es posible completar una “matriz de implementación de valores” y programar su ejecución  paulatina, para pasar de una simple declaración de buenas intenciones a la acción. Incluso, es factible medir la contribución de cada miembro al equipo según su cumplimiento de los valores corporativos. ¿Pasaría usted con buena nota ese examen?

Por: coordinación de auditoría.

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