Los Sesenta de Mafalda

MAFALDA

Quizás para muchos de ustedes sea un nombre familiar, y para otros tal vez nunca hayan oído hablar de ella; y a riesgo de que en términos muy venezolanos, “se me caiga la cédula”, me gustaría compartir con todos, mi especial predilección por esta caricatura latinoamericana.

Creación de un genial dibujante argentino, desde mi muy particular percepción, Mafalda representa lo que toda mujer del siglo XXI debe aspirar para sí, con la pequeña diferencia, de que esta niña contestataria, lo asumió así, en la década de los sesenta, cuando la sociedad de la época se escandalizaba con la aparición de la minifalda y la guerra de Vietnam.

Pero más allá de ello, Mafalda como historieta representa escenarios de la realidad Argentina, que pueden perfectamente adaptarse a la de cualquier otro país latinoamericano, desde distintos puntos de vista, políticos, sociales y económicos; ya que los asuntos que plantea, por medio de un humor negro, cargado de sarcasmo e ironía, son el reflejo de las problemáticas sociales de su país natal, o de Venezuela o Brasil, como se prefiera.

Aun hoy, los temas que aborda, continúan siendo motivo de preocupación: la injusticia, la ecología, la manipulación genética, la guerra y armas nucleares, los derechos humanos,  el racismo, la democracia, junto con las preocupaciones y curiosidades infantiles propias de sus seis años.

Siendo ello así, Mafalda es una representante de la sociedad Latinoamericana de las grandes ciudades, donde cohabitan las distintas clases sociales, desde la más opulenta hasta la más pobre; exponiendo muy a su manera las prácticas sociales y culturales de cada una de ellas, a través de los personajes que componen la historieta, niños en los que fácilmente se pueden encontrar todos los tipos humanos de la sociedad de nuestros países.

Mafalda se presenta como una niña, curiosa, inquieta, rebelde y contestataria. Es muy segura de sí misma pero pesimista frente a la situación del mundo. Pregunta y cuestiona constantemente, poniendo en aprietos al mundo adulto representado en la historieta principalmente por sus padres. Su ilusión es seguir una carrera universitaria. Su principal preocupación son la humanidad, los derechos humanos y la paz. Entre sus preferencias se encuentran Los Beatles y las panquecas; odia la injusticia, la guerra, las armas nucleares, el racismo y las cosas absurdas, pero sobretodo odia la sopa.

Como contraparte al personaje de Mafalda está el personaje de Susanita, quien representa a otra clase de mujeres, vocera de una concepción del mundo tradicional, burguesa y conformista, egocéntrica y envidiosa, que piensa que lo diferente es malo y cuya única meta en la vida es casarse y tener muchos hijos, lo que a mí me dio por llamar el Síndrome de Susanita, término que aplicaba y aun aplico a toda aquella de mi propio genero, cuya mayor aspiración es encontrar un marido que la mantenga.

Manolito, rústico exponente del egoísmo capitalista, materialista y de pocas luces. Felipe: eterno soñador. Siempre viviendo un mundo de aventuras en su fantasía, poco conectado con la realidad. Miguelito, narcisista a ultranza, adorador de su ombligo, tan ególatra que no podía entender como el mundo existía antes que el llegara y mucho menos que la humanidad no lo notara.

De los personajes adultos los padres de Mafalda, representan a la clase media que sostiene una ideología presuntamente imparcial, de pequeñas ambiciones, de mirada corta y acomodaticia. La madre una ama de casa, con metas miopes y que no ve mas allá de los quehaceres del hogar, que sin ánimo de parecer ruda, era parte de lo que nos inculcaban nuestras propias madres y abuelas.

Asumo que por esa forma de ser, desde que supe de su existencia, me identifique con el personaje. La niña que es Mafalda, me agrada por la lógica que utiliza, porque la misma se corresponde con la de una joven o un adulto, pero sobre todo por su pensamiento crítico y de avanzada. Probablemente, para las generaciones actuales, sea aburrida, compleja y poco divertida, ya que no se parece en nada a la Barbie de los sesenta, ni tampoco a las Bratz de años más recientes, pero siendo solo una caricatura, logró lo que no ha podido ninguna de las mencionadas, hacer reflexionar a los diferentes actores sociales sobre la validez de sus creencias, prejuicios y lugares comunes, promoviendo de esta manera la construcción de una sociedad mejor, sin dejar de jugar y hacer chistes, de esas mismas situaciones cotidianas.

Si Mafalda no fuera una caricatura y los temas que aborda fueran tratados con seriedad, seguramente nos daríamos cuenta de muchas otras cosas cuyo trasfondo tocan sus historias, pero desde un punto de vista más personal, quedarían al descubierto el egoísmo, la estupidez, la cursilería y el machismo de nuestras sociedades, además nuestro conformismo y la fragilidad de nuestros valores y creencias.

Concluyendo, aunque no esté a la altura de Los Simpson, Mafalda no pierde vigencia porque sigue interrogando a la época actual, de la misma manera asertiva y mordaz de hace sesenta años.

La gran ilusión de Mafalda y que aun no ha visto cumplida, se resume en este corto dialogo: “En una de las imágenes, Mafalda, inseparable de su radio, escucha: “Hizo el Papa un nuevo llamado a la paz”. Enseguida, con su habitual irreverencia agrega: “Y le dio ocupado como siempre, ¿no?”.

Por:

Annabel Vargas

0

Añadir un comentario