Santa Claus por un Día

En la Soleada mañana del 24 de Diciembre, cerca de las 7:30, mi conversación con algunos colegas de Maersk (todos vistiendo orgullosamente nuestras franelas de Santa Claus), fue interrumpida súbitamente por el impresionante ruido generado por más de 800 niños y aproximadamente el mismo número de padres, todos cantando, gritando, riendo e incluso discutiendo acerca de quien se llevaría el mejor regalo de Santa.

Mientras caminaba hacia mi estación asignada (Validación de Tickets) dirigí la mirada rápidamente hacia el portón Principal para ver lo que parecía un mar interminable de niños, todos ellos evidentemente ansiosos en ser los primeros en entrar al parque de diversiones navideño en el que nuestras instalaciones se habían transformado para esta ocasión especial.

Exactamente a las 8:02 sentimos una mezcla de emoción y adrenalina cuando se escucho en el radio de comunicaciones la voz del Sr. Schmidt diciendo “Déjenlos entrar chicos, Feliz Navidad”.

Inicialmente pensé que el camino desde la entrada principal del muelle hasta el punto de chequeo en la base sería problemático debido a la gran cantidad de personas, pero resultó siendo una hermosa marcha casi al estilo de un desfile gracias a nuestro pequeño batallón privado de voluntarios de Maersk, quienes acompañaron a cada grupo mientras cantaban y competían para ser la comunidad más ruidosa y alegre. A medida que los pequeñitos se sumaban a la fiesta, mi niño interno quería mas y mas correr hacia los castillos inflables, trampolines, sitios y estaciones de juego, probar todos los dulces, helados, cotufas, lo que pudiesen imaginar… estaba allí… definitivamente un maravilloso mundo para cualquier niño.

Una vez completado el acceso de nuestros invitados de honor, debíamos a partir de allí, cumplir con una planificación y ejecución cuidadosamente preparada – casi militar.

Desde el Gerente General hasta los pasantes (Incluso los paramédicos, bomberos, policías y Oficiales de la Armada Bolivariana que voluntariamente se unieron a nosotros para el evento) corrían de una estación a otra y todos tuvimos la oportunidad de vivir una vez más los momentos más felices mientras entregábamos dulces, cotufas y comida a los niños menos afortunados de nuestras comunidades vecinas (La mayoría de ellos usando su mejor ropa y zapatos- a la altura de la ocasión – y con sus rostros cubiertos de helado, sucio o peor…) Debo admitir que dejé de contar después que servimos el refresco número 1200…

Con la música navideña de fondo (Y hasta el ocasional Reggaetón que niños y adultos disfrutaron), rodeados por shows en vivo y payasos, todos nos preparamos cuando cerca de las 11:30 llegó finalmente Santa con una campana dorada en su mano derecha, su enorme barriga y su tradicional “jo jo jo”. Logrando conseguir la atención de todos los niños a quienes no les intereso mas nada (Incluyendo a sus padres) ya que sabían que era la HORA DE LOS REGALOS…

En resumidas cuentas, dar a un hermoso niño de 3 años su primer carro de juguete y escucharlo balbucear casi llorando “Gracias” – O al menos pienso que eso fue lo que dijo – fue mi verdadero regalo de Navidad. A las 12:05 el batallón de Maersk había conseguido una victoria: todos los niños y padres caminaron felices y seguros hacia la salida. Una reunión de cierre se llevó a cabo con un brindis en honor de los más de 100 hombres y mujeres que participaron en el hermoso evento entre empleados, invitados y voluntarios.

Habiendo hecho feliz a más de 800 niños, (niños de las comunidades vecinas que sin esta iniciativa hubiesen probablemente tenido un día de Navidad muy triste y muchos de ellos incluso sin recibir la visita de Santa) no podíamos sentirnos más felices y orgullosos de ser parte de la Familia Maersk.

Sin planificarlo así, fue entonces cuando al regresar a mi casa pude decirle orgullosamente a mi familia cómo se sentía ser Santa por un Día…

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